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07/11/2006
Échate un poquito más...

Comer es un placer indudable. No hay deleite comparable al de degustar una ración de jamón ibérico acompañado de una copita de Ribera del Duero, por poner un ejemplo simple... y en España, además, tenemos la suerte de atesorar una gastronomía digna de dioses, pero también la desgracia de contar con una generalizada propensión a la gula.
No sé si será algo propio de la cultura española o pasa en otros lugares del mundo... no he viajado lo suficiente aún como para tener una teoría al respecto... pero lo cierto es que mientras las nuevas generaciones se desarrollan en una convulsión desquiciante entre el consumo masivo de hamburguesas y donuts y la anorexia de la hoja de lechuga, para los ciudadanos españoles de mediana edad estar flaco sigue estando mal visto.
Resulta socialmente incorrecto decirle a alguien que está gordo. A nadie que reflexione un poco antes de abrir la boca se le ocurre hacer un comentario del tipo: Menuda barriguita estás echando o desde este perfil se te ve bastante papada... Sin embargo no hay escrúpulos a la hora de comentar que te estás quedando en los huesos.
Se habla mucho de los trastornos psico-alimentarios como la bulimia y la anorexia, que sin duda son un problema de envergadura, pero apenas se reconoce la presión social que sufren las personas con una constitución corporal frágil para comer por encima de su capacidad. Existe. Y resulta extenuante.
08/11/2006
Te voy a contar mi vida que me apetece
Hay que ver... como me gustan a mi los taxistas con radio transmisor... Volvía de Telecinco, abstraída, pensando en mis cosas, evidentemente nada sobre la reunión. Porque es que, yo, salgo de una reunión de trabajo, y es que se me borra de la mente todo lo relacionado con la misma casi de forma instantánea. Nada más montarme en el taxi, me he quedado embobada mirando que, justo enfrente de Telecinco, hay un flamante edificio castrense que no ha tenido a bien cambiar el escudo del estado y mostraba sin pudor y labrado en piedra el yugo, las flechas, el águila y demás parafernalia preconstitucional, y se me ha venido a la mente Suspiros de España. Una cosa ha llevado a la otra, como se suele decir después de los buenos ratos, y me he visto recordando las escenas de Soldados de Salamina. Por cierto, peliculón... Bueno, que me voy del tema. Que digo, que iba tratando de evitar la angustia crónica que me genera ir en la parte de atrás de un coche en movimiento - si está parado no tengo problema- y el taxista y sus colegas me han arreglado el día.
"Erre, erre... que si nos vamos a Jerez"
"yo prefiero ir a ver al Alonso, que he leído que viene a Madrid"
"Erre, erre, la verdad es que las motos se ven mejor en la tele"
¡Viva la sociología! Dejad que las conversaciones privadas del mundo se acerquen a mis oídos agradecidos e indiscretos, y un día de estos haré una tesis al respecto.
Y sigue el jovial dialogo con un tono de voz como entre de chulapo de Zarzuela y Pepe Domingo Castaño en Carrusel Deportivo, sólo interrumpido por dudas técnicas poco trascendentes: Señorita, ¿sigo hasta Cuzco o me meto por Padre Damián?... como usted vea...
"Erre, erre... carrerita que acabo de hacer de 8,75 euros y cooon propina incluida... lo digo, pa que tome nota tu cliente o clienta... y ahora me voy a por otra víctima... otro cliente, quería decir, con perdón..."
Y todo esto con la nueva canción de los Hombres G de fondo. Qué emoción.
De verdad, rejuvenecida me hallo.
Viajar Madrid
Por las mañanas, "vuelo"... y no en helicoptero como nuestra presidenta, sino en metro. Cuando la temperatura es extrema y el sudor (no solo mío) me impide concentrarme en la lectura, me deleito en el placer de la contemplación ajena, en el arte de la sociología... siempre se dan situaciones interesantes.
El viernes, sin ir más lejos, me senté al lado de una hermana, aunque no mía... una monja, vaya. A mi izquierda, la religiosa, y a mi derecha y frente a mi una pareja de chavales alternativos fuencarraleros, de éstos con piercings en lugares insólitos. Ambos llevaban sendas carpetas negras, de tamaño grande, llenas de dibujos. Eran ilustradores. Deduje.
- Este es mi favorito- decía él, extrayendo un dibujo de una mujer desnuda de senos descomunales en colores violetas con aire manga y mostrándolo a su compañera.
- No está mal. A ver si tienes suerte...- contestó ella, mientras la monja a mi lado se santiguaba cerrando los ojos.
Se bajaron en la siguiente estación. Los tres. Qué lástima, ¿no
Hace calor
En la piscina municipal una puede echar el día, en plan dominguero sin salir del centro... te llevas tu tupper con la tortilla, los bocatas y p'alante... Algunas hasta tienen algo parecido a un chiringuito... con paella y todo!
Como a una le gusta inaugurar siempre que puede, el fin de semana pasado estuve en uno de estos sustitutos frustrados del mar de Madrid, en pleno Chamberí. No sé si por causa de la sequía o de la moda minimalista, pero el césped había desaparecido... En su lugar habían puesto unas tablitas de madera color wengué, muy monas, pero que una vez que una se tumba sobre ellas no puede evitar sentir complejo de salchicha asándose a la parrilla, no solo en la forma si no en la temperatura.
Pese a estar sobre una parrilla, la densidad de la piscina llegó a alcanzar las magnitudes de Benidorm en agosto... de hecho hay momentos en que una cierra los ojos y hasta puede imaginar que está allí, con los cachitas marca-paquete ligando, los guiris de todo tipo de nacionalidad expresándose en pluralidad de idiomas y acentos, el grupo de amigas en la cuarentena solucionando la vida de la que está ausente, los adolescentes haciendose llamadas perdidas y comentando las jugadas de la noche previa...
En resumen, una experiencia sociológica muy positiva.
Hace calor... más aún
La acera hierve, el metro emana vapor por sus bocas, el asfalto se derrite y hasta a la estatua de la violetera le canta el alerón del sudor, que es algo muy castizo... El calor aprieta cada vez más... y aquí no hay playa, como dice la canción.
Que Madrid tiene un clima hostil es algo que tenemos más que asumido los madrileños... pero los que diseñan el mobiliario urbano deben estar empadronados en Albacete, a juzgar por la incompatibilidad de los materiales que eligen con la extrema temperatura capitalina.
Estoy pensando, por ejemplo, en los asientos de las paradas de los autobuses, hechos de hierro forjado directamente en el infierno. En verano, una, que va desprevenida se sienta a esperar el bus pensando, ingenua, que ese es el fin del poyete dichoso... y casi inmediatamente notas el olor a chamusquina y el dolor del achicharramiento en la parte más noble del cuerpo humano. En invierno, por el contrario, aunque nadie se acuerde ya de que esta estación existe... es apoyar el trasero y por más fundas que lleves, oye, la gelidez te traspasa hasta los huesos...
En fin, como a todo hay que sacarle algo bueno, diré que tengo entendido que estos bruscos cambios de temperatura son buenísimos para la celulitis... ¡chicas hay que cuidarse!
Hace calor... más aún, si cabe...
... y cabe... ¡Vamos! si cabe...Ya sabemos los madrileños que nuestra ampolla veraniega es que aquí no hay playa... Vaya, vaya... por eso procuro escapar hacia el mar cada vez que tengo oportunidad, aunque sea de camping... Es que una tiene su presupuesto vacacional limitado y el camping es una alternativa económica, sin duda, pero dotada de múltiples inconvenientes. El mayor, a mi modo de ver, es el ruido nocturno. Cuando estás en una de esas tiendas de campaña - y eso que la mía es último modelo, de esas que se montan solas en 3 segundos- se oye todo. De hecho, yo diría que se oye amplificado...
Ya son años haciendo incursiones esporádicas en el apasionante mundo del camping y una tiene ya cierta pericia reconociendo el tipo de vecino de tienda que te ha tocao en suerte: que es una apacible familia con tres generaciones compartiendo tienda -para que luego diga el PP que la familia está en crisis- sabes que hay posibilidades de que la próstata del abuelo te dé la noche, o que las picaduras de mosquito del nene perturben tu plácido sueño... Si, por el contrario, es un animado grupito de chicos en plan despedida de soltero a la paleta previo botellón, sabes, sin ningún género de dudas, que te despertarán entre las cinco y las seis de la mañana en plena euforia etílica haciéndote constar a voz en grito la melopea de la que son portadores.
En eso consiste compartir espacio con otros seres humanos en la naturaleza... aunque el camping no es el único ámbito en el que puedes escuchar vida nocturna. No. Yo vivo en un cuarto interior, término que significa que las ventanas no dan a la calle sino a un patio interior. O a dos, como es mi caso. Y esto, en términos acústicos quiere decir que en verano, que es cuando una tiene las ventanas abiertas, escuchas al del primero ensayar su virtuosismo al piano, al de enfrente entusiasmarse con su peli de kung-fu, el llanto del niño de la del segundo, la discusión de los de al lado... y sobretodo, la efusividad madrugadora del amor estival de los del tercero. Qué de flujos y reflujos, vaivenes, golpes, muelles, gemidos, grititos... ¡Cuánta pasión a deshora! Con lo bien que está la hora de la siesta, absolutamente compatible con mi no-jornada intensiva...
En fin, que puestos a oir, prefiero el camping, que por lo menos hay playa... Vaya, vaya...
¡Están locos estos chinarros!
Amantes de la contaminación, no sólo atmosférica sino sobre todo lumínica y acústica, los chinos son adictos al teléfono móvil,cuando la verdad es que gritan tanto cuando hablan que dudo que lo necesiten. Ves los modelos más avanzados y con todo el tunning a su alcance: lucecitas por todas partes, y sintonías de lo más dispares. ¡Hasta pasodobles! He de reconocer que con Suspiros de España, me emocioné...
Se duermen en cualquier parte, los ves apoyar la cara sobre los brazos y en segundos están dormidos. O una de sus posturas más auténticas, con la cabeza incrustada en el respaldo del asiento delante del que están sentados.
Sus pautas de urbanidad son un poco relajadas por usar un eufemismo amable. Las colas no existen como concepto, salvo cuando está la policía poniendo orden, son una masa de gente informe que espera algo. Con ansia. Muy juntos todos. Al borde de la avalancha.... con una competitivad por llegar al objetivo los primeros más propios de una final de atletismo a lo sucio. Con empujones y codazos si es necesario. Pasando por alto niños y ancianos, en la más ancestral manifestación de la ley del más fuerte.
Estás intentando descifrar alguno de los escasos carteles en "chinglish" o viendo algo en un museo, y se te ponen delante de tus narices a leer lo mismo. Lo mismo si estás haciendo una foto.
La única norma de tráfico que existe es "tonto el último"... con atascos de más de tres carriles de coches en una carretera de doble sentido, y se sienten obligados a demostrar como suena su claxon cada 30 segundos, con el único objetivo de decir: Aquí estoy yo. Los motoristas van sin casco, y a veces va toda la familia en la moto.
No cierran nunca las puertas, ni siquiera las de los baños cuando están dentro. De hecho es que muchas veces no hay puertas. No conciben la idea de la privacidad occidental... y claro resulta muy chocante entrar en un baño público y divisar a una china en cuclillas haciendo fuerza.
Escupen por todas partes, incluso en el suelo de los locales; por las ventanillas de los medios de transporte... con una precisión de misil militar y con un sonido gutural de reactor nuclear, son capaces de encestar en un cubo su criatura sólida desde una distancia de más de 3 metros. No sé como no lo han propuesto aún como disciplina olímpica para Beijing 2008.
Sorben la sopa a 100 decibelios, y cuando mastican es como si se les estuviera cayendo la dentadura postiza. Escarban los dientes como si fueran a encontrar oro (de hecho muchos lo llevan en la dentadura), y no usan servilletas ni manteles. Incluso en lugares de cierto postín, te ves en la necesidad de pedirle alguna servilleta a los camareros, ya que por falta de hábito se les olvida ponertela.
En muchas casas tienen DVD, televisión por satélite y estéreo, pero el servicio está a 20 metros de casa, y no tienen ducha. Los baños son siempre de agacharse, lo cual después de caminar 7 horas por la montaña no te hace ninguna gracia... por no hablar del escatológico problema de la puntería...
En todo caso, China es un país fascinante, la cultura viva más antigua del mundo, con un idioma que tiene más de 5.000 años de historia, 28 lugares Patrimonio de la Humanidad que serán muchos más ahora que los chinos han entrado en los circuitos culturales y turísticos (con una intensidad tan frenética que más que riada son un tsunami), y una gastronomía de las más sofisticadas del mundo...
...además, es inevitable cogerles cariño
