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02/02/2007

Ya no te quiero

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Lo del amor eterno es algo que a algunos les funciona... y a otros no, aunque en nuestra sociedad está muy mal visto reconocerlo. En cualquier caso, lo duro no es reconocerlo sino asumirlo. Asumir el final del amor es tan angustioso, tan decepcionante, tan involuntario como la muerte.  De hecho, es como si te murieses un poco, como si pereciera una parte de ti. Una parte que hasta ese momento creías imprescindible. Incluso es inevitable tener la misma sensación de estúpida impotencia con la que te despides de un moribundo.

Los que apoyan las vertientes filosóficas relativistas (que según el Papa son demasiados) son de la opinión de que en realidad depende de la percepción del amor que tenga cada uno. Puede ser. Desde luego, hay -cuando menos- dos tipologías de amor claramente diferenciables. El amor "fraternal", familiar, el de la serena convivencia, el de los matrimonios ancianos, el de los amigos vitalicios... es de los que dura, sino eternamente, casi. Pero ése no se parece en nada al pasional, al de la efervescencia y la necesidad enfermiza, que sin embargo es de los que más rápidamente se extinguen. O eso dicen.

Es sobre todo, la asunción de la pérdida de este segundo tipo de amor la que además de ser más frecuente genera más enajenación. Claro. Es un contraste tan drástico. Pasar de la necesidad absoluta, inquebrantable, física... a la desidia, al aburrimiento, al bostezo, a la asfixia, a la búsqueda de aire... dejándote como un convaleciente post-operatorio, con un vacío orgánico, como si te hubiesen extirpado alguna glándula hasta entonces vital.  

El desamor duele hasta el enloquecimiento, sí. Pero aún conociendo el riesgo que se corre, siempre merece la pena intentarlo, ¿no?

 

02/02/2007 19:58 Autor: Izzy Rider. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

20/02/2007

Tacones cercanos

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Calzarse unos zapatos de tacón supone sin duda uno de los primeros síntomas de haber entrado en la escalada a la edad adulta. Entre mis recuerdos, tengo almacenada en la memoria la primera vez que me puse unos tacones. Tenía catorce años y era la segunda boda de mi tío. Al principio, después de algunos pasos tambaleantes e inseguros frente al espejo de mi habitación, me sentí alta, mayor, esbelta y sexy... para cuando acabé la jornada, lo que sentía era un indescriptible dolor en cada uno de mis dedos y el ardor de la que sería mi primera dureza.  Desde entonces, sueno al andar... No es que me guste especialmente, pero no puedo evitarlo.

La gente se esfuerza en analizar el repiquetear de mis pasos -que son algo así como la banda sonora de un desfile militar- y en atribuirle significado. Caminas deprisa como una forma de huir constante, sostienen unos. Tu andar nervioso responde a esa incorregible y crónica impuntualidad, mantienen otros. O esa enérgica forma de atormentar el suelo es una muestra inequívoca de tu rotunda personalidad, comentan los de más allá. Sandeces.  No digo que mi trote de yegua percherona no tenga que ver con mi forma de ser, pero no me convencen las atribuciones estupendas. Mi teoría es física: Piso mal, o al menos eso dice un profesional de verdad: mi zapatero.

Se llama Javier y lleva un minúsculo pendiente en la oreja izquierda. Unos de esos con brillante, de los que llevaban los chicos al inicio de la década de los noventa. La mejor etapa de su vida debió transcurrir por aquél entonces, porque el pelo pincho y el flequillo engominado también corresponden al estética de esa época.... Como esas señoras de avanzada edad que siguen peinandose con moños altos y tirantes y vestidos a lo Audrey Hepburn, aferrándose a los sesenta en un esfuerzo por reprimir el indecoroso paso del tiempo.

También tiene, Javier (mi gepetto particular), la sonrisa franca de un tío trabajador, la mirada clara y dulce de una buena persona,  las manos y el diagnóstico de un experto... Gracias a él, sé lo que es el "cambrillón", palabra que ya forma parte de mi vocabulario habitual y cuál es el problema fundamental del calzado moderno. Gracias a él, he aprendido a valorar lo importante que es el trato personal entre tanto abismo cibernético. Gracias.

20/02/2007 20:50 Autor: Izzy Rider. Enlace permanente. Hay 12 comentarios.


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